Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre.
A mediados del siglo XIV, se abre un largo periodo de crisis que afecta a todos los aspectos de la vida. La peste negra azota la península en 1348, con distinta intensidad de unas regiones a otras; se calcula que algunas de ellas perdieron dos tercios de la población. A consecuencia de ello escaseó la mano de obra, subieron los jornales y se encareció muy considerablemente la vida.
A la muerte de Alfonso XI de Castilla, el Justiciero(1312-1350), su único hijo y sucesor, Pedro I el Cruel (1350-1369), se vio envuelto en una larga lucha dinástica en la que se vieron implicados los demás reinos cristianos, y que adquirió dimensión internacional al interferir con la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, ya que el rey de Castilla acosado por su hermano bastardo, Enrique de Trastamara, aspirante al trono, pactó la ayuda del ejército inglés de Eduardo de Gales, el Príncipe Negro, a cambio de buenas sumas del tesoro real y del señorío de Vizcaya. Alava y Vizcaya hubieran sido entregadas a Carlos II el Malo por permitir el paso de los ingleses por sus dominios. Los ingleses vencieron a las tropas de mercenarios de Enrique que estaban al mando de Bertrand Du Guesclin, pero Pedro I incumplió el compromiso adquirido con el de Gales que le abandonó a su suerte, dejando Castilla.
Aunque el rey de Francia, Carlos V, ocupadas sus fuerzas en la lucha contra los ingleses, dudaba en prestar su ayuda al Trastamara, finalmente firmó el tratado de Toledo, por el que se comprometió en la lucha contra Pedro I. El rey acudió a Toledo, que había caído en poder de Enrique, que contaba con el apoyo de gran número de nobles castellanos, pero su ejercito era inferior en número al de sus enemigos. Ante aquella situación trató de pactar con Du Guesclin, pero cuando entró en la tienda del mercenario francés, Enrique, que allí se hallaba escondido, se abalanzó sobre él enzarzándose ambos en una feroz pelea, durante la que Du Guesclin pronunció la famosa frase "ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor" mientras tomaba parte a favor de quien pagaba sus servicios. Pedro recibió varias puñaladas, falleciendo, a causa de las heridas, el 23 de marzo de 1369.
Con la muerte del rey Pedro I, terminó la crisis por la lucha de sucesión abierta en el reino de Castilla, pero quien realmente triunfó fue la nobleza rural agraria, que fue la que frustró el desarrollo de una burguesía, pujante en otros países en aquella época, abierta hacia el desarrollo industrial que ya empezaba a consolidarse a finales del siglo XIV en el resto de Europa. Con Enrique II de las Mercedes (1369-1379), se entronizó la dinastía de los Trastamara. Con ella, el poder real se deteriora por las reividicaciones de la nobleza, y se conoce un periodo de gran decadencia del reino castellano durante los reinados de JuanII de Castilla y León (1406-1454) y de Enrique IV el Impotente (1454-1474), hermano y antecesor de la reina Isabel I de Castilla.
Tanto los reinos cristianos, como el reino musulmán, se vieron agitados durante el siglo XIV y parte del XV por las turbulencias de la nobleza. En el reino de Aragón, la nobleza exigió la confirmación de sus privilegios, pero fue vencida por Pedro IV en Epila (1349) y, en Navarra, provocó el enfrentamiento entre Agramonteses y Beamonteses del que hablaremos más adelante.
Un motivo más de turbación fue el Cisma de Occidente, consecuencia de una larga crisis religiosa. En 1378 se eligieron dos papas, Urbano VI (1378-1389) y Clemente VII (1378-1394); los estados peninsulares se adhirieron a uno u otro, de acuerdo con sus intereses políticos. El Concilio de Constanza (1417) puso fin a esta situación mediante la elección de Martín V (1417-1429) que consiguió devolver la unidad a la Iglesia.
En este periodo, la corona de Aragón dio un ejemplo de madurez política cuando, al morir sin descendencia Martín el Humano (1410), se designaron doce compromisarios que entregaron la corona a quien, a su juicio, tenía más derecho a ella, Fernando I El de Antequera (1412-1416), hermano de Enrique III de Castilla. Con él se introduce, en Aragón, la dinastía Trastamara. Uno de sus hijos, Alfonso V de Aragón (1416-1458), continuó la política mediterránea y ocupó el reino de Nápoles, mientras que otro, Juan II de Aragón (1458-1479), por su matrimonio con Blanca de Navarra, se adueñó del reino de Navarra y representó a su padre en el gobierno de Sicilia. A Juan II le sucedió su hijo Fernando II de Aragón, que sería V de Castilla tras su matrimonio con Isabel.
Pero vamos a entretenernos, un tanto, con los reinos de Aragón y de Castilla, durante los reinados de Juan II de Aragón y de Enrique IV de Castilla, antes de entrar en el reinado de los Reyes Católicos, con los que comienza la Edad Moderna, el amanecer del Imperio Español, la madurez del Renacimiento y una de las más grandiosas centurias de la historia de la humanidad y de la historia de España.
Fuente: www.diomedes.com
